En Color de Esperanza se tejen sueños

En Color de Esperanza se tejen sueños

Después de trabajar durante 18 años en la industria de los medios digitales, Paola Benrey decidió darse el gusto de dedicar su vida a su propia empresa creativa, mientras da la oportunidad a otras mujeres de mejorar su calidad de vida y la de sus hijos. 

Paola Benrey estudió mercadeo y publicidad, y aunque aprecia mucho su carrera y aprendió asuntos importantes en su trabajo anterior, el arte siempre ha sido relevante para ella y ha estado presente, como cuando tomó clases de joyería y vendió collares que creaba en su tiempo libre con los que pagó parte de la universidad.

“Mi papá tocaba piano y del lado de mi mamá, mi abuela hacía pesebres y cuadros. Además, nos reuníamos todas las mujeres de la familia en la casa a hacer artesanías. También en casa teníamos una pared en la era permitido pintar. Uno por lo general de niño no puede hacerlo, pero en mi casa estaba permitido pintar en esa pared. Hoy traduzco eso en que no hay límites, pero se tienen que respetar ciertas cosas”, relata la fundadora de Color de Esperanza, la iniciativa a la que llegó después de varias situaciones personales.

Una de ellas la llevó a cumplir un sueño que había tenido y no había podido realizar por haber sido mamá a los 19 años.  En el 2016, se fue a vivir a Sudáfrica por seis meses para estudiar inglés. Estando allá realizó voluntariados con niños que vivían en townships, áreas urbanas segregadas racialmente, que se crearon en Sudáfrica a finales del siglo XIX cuando regía el sistema del apartheid. Hoy no existe el apartheid en Sudáfrica, pero todas las secuelas que dejó siguen presentes de alguna forma.

Fue precisamente en Ciudad del Cabo, la segunda ciudad en importancia de ese país, que se le ocurrió el nombre Color de Esperanza. La inspiró el hecho de que a pesar de que en el pasado las personas negras fueron discriminadas no han perdido su alegría y positivismo. Eso la llenó de esperanza y de interés por mejorar la vida de otras madres y sus hijos. “Tiene que ver mucho porque es un país que sufrió por el color, pero yo vi mucho color allá. Cuando tú sales a las calles la gente es muy colorida y alegre. Yo creo que hay esperanza en que las cosas siempre pueden ser mejor”, cuenta Paola.

En esos seis meses de voluntariado estuvo trabajando en una fundación a la que llegaban más o menos 200 niños y niñas entre los 5 y 15 años. Su tarea era desarrollar actividades que permitieran a los adolescentes conocer sus intereses y entender la edad en la que estaban.

Cuando volvió a Colombia, en el 2017, se preguntó qué iba a hacer, a qué se va a dedicar. Tenía muchas dudas y miedos, pues todos sus conocimientos y sus contactos estaban en la industria de los medios digitales, pero después de haber trabajado con los adolescentes en Sudáfrica, su anhelo era llegar a Colombia y crear una fundación con niños.

La asaltaba la duda de si se estaba equivocando, si perdería la red de contactos que tenía al cambiar de camino y cómo podría después recuperarlos. La incertidumbre de no saber si su nuevo emprendimiento iba a funcionar era muy grande.

“Fue un periodo difícil de decidir qué era lo que quería hacer realmente. Empecé a hablar con personas que tenían fundaciones y me decían que uno no vive feliz teniendo una fundación y es en parte por la sostenibilidad económica. Al final, todas esas conversaciones le dieron forma a lo que hoy es Color de Esperanza: poder darles a las mamás las condiciones, el sustento económico y el empoderamiento necesario para que estén bien y así puedan darles a sus hijos el bienestar”, confiesa.

Paola reconoce que el proceso de emprender ha sido difícil, pero el hecho de estar convencida de por qué hace lo que hace y disfrutarlo al máximo, la llena de energía para soportar los momentos difíciles que ha tenido que atravesar para llegar a donde está. Momento que le han sacado más de una lágrima. “Hay muchos días duros, sobre todo al principio, pero hoy estoy más encarrilada y la marca ha sido muy bendecida. En este momento de pandemia hay tanta gente que está cerrando sus negocios y nosotros, por el contrario, estamos creciendo”.

Bienvenidos los niños

Desde que empezó a conceptualizar la idea de emprender, Paola tenía muy claro que Color de Esperanza tenía que trabajar con mujeres si quería mejorar la vida de los niños, pero no tenía claro cómo hacerlo y qué producto ofrecer. Durante un año y medio estuvo creando diseños y asistiendo a ferias para corroborar si tenía un producto que se pudiera vender. “En febrero del 2019 tenía la idea de hacer broches (hoy los llama paolines) y empecé a hacer los diseños. Conseguí una persona que tenía el conocimiento necesario para volver realidad lo que yo me imaginaba y empezamos a trabajar desde febrero hasta mayo”.

 

En mayo del 2019, en la feria Eva Boulevard en el parque la 93, llevó el producto para probar qué tan bien era acogido y el resultado excedió las expectativas. “Fue una cosa impresionante. Me di cuenta de que ese podría ser el producto que iba a darle vida a Color de Esperanza, el que iba a llevar realmente el proyecto a donde yo quería: y era que mamás en situación de vulnerabilidad pudieran crear estos productos”.

Después de esa feria, con la ayuda de una profesora, capacitó a un grupo de mujeres en la fabricación de los paolines. La idea siempre fue tener un lugar en el que los niños no fueran un impedimento para que ellas pudieran aprender y pudieran ser productivas. Un espacio en el que ellos también tuvieran cabida.  Liseth, una de las tejedoras de Color de Esperanza comenta que lo que más le gusta es “estar con mis hijas, no me estoy perdiendo del crecimiento de ellas, de todo lo que hacen, de lo que aprenden, porque junto conmigo también aprenden cosas. Es una oportunidad que muchas mamás no tienen”.

“Hoy ya son 11 mujeres las que tejen para Color de Esperanza. Son mujeres que antes no ganaban plata o tenían que dejar a los niños solos todo el día para buscar el sustento. Acá ellas tienen la oportunidad de trabajar y compartir con su familia”, sostiene.

Además de esa posibilidad, Paola ha visto que sus compañeras de trabajo han ganado también en empoderamiento, en capacidades para desenvolverse mejor en sus entornos. Cuenta, por ejemplo, la historia de Andrea. “Cuando empezó a tejer para Color de Esperanza vivía en la casa de una tía, a quien cuidó durante muchos años. Cuando la tía murió, su misma familia la sacó de la casa. Fue una etapa muy difícil para ella, estaba muy triste y estresada. No tenía dónde vivir. No tenía dinero. Con su marido lograron salir adelante. Ya viven en su propia casa. Tienen una tienda y Andrea teje para Color de Esperanza al mismo tiempo que está atendiendo ese negocio familiar”.

También recuerda la historia de Elida, una mujer que tenía problemas de salud por obesidad. Desde que teje para Color de Esperanza ha mejorado su salud, ya que ha invertido el dinero que gana en tratamientos médicos. “Las mujeres que tejen para Color de Esperanza ya no lo hacen solas. También participan sus hijas. Se ha convertido en algo así como un legado. Una tradición”.

 

Actualmente, Paola realiza los diseños de las colecciones de paolines y las tejedoras se encargan de volverlos realidad. Ellas reciben la información y los materiales sobre el tema de cada colección y de manera independiente manejan sus tiempos para realizarlos. “Agradezco la gran oportunidad que nos dio Pao de estar en la casa y de pensar en nosotras las madres que tenemos dificultades en encontrar alguien que cuide a los hijos. En Color de Esperanza entienden que debemos sacar tiempo para los hijos en cualquier momento”, cuenta Paula, tejedora de sueños.

Las dos colecciones que han sacado tienen un significado que va en línea con la vida de Paola y con el contexto actual. La primera fue Tributo a África, un homenaje que le hizo al continente en el que su mi vida dio un giro total y en el que aprendió que con perseverancia y coraje se puede lograr cualquier cosa. La colección actual se llama Pájaros del Mundo. Tomó forma con la pandemia y es una invitación a recobrar la libertad a salir de una manera responsable.

Paola agradece a los clientes que la han respaldado y que respaldan la labor que hace y a las tejedoras que le han dejado muchas enseñanzas para su vida personal. “Trabajé con publicidad y venía del mundo de los egos. Trabajar con ellas me ha bajado a una realidad. Aprendí que incluso con cosas muy chiquitas se puede estar muy feliz”.

Para conseguir los paolines de Color de Esperanza se puede hacer contactando a través de sus páginas de facebook como @colordeesperanza1 o en Instagram como @color_de_esperanza_. Próximamente se podrá realizar la compra por medio de la página web www.coloresperanza.com, que está en construcción.

 

En J&S cumplimos una década de trabajo por el desarrollo humano. No tendremos una fiesta. Nuestra manera de celebrar será aplaudir de pie y apoyar a 10 organizaciones de base que tengan iniciativas o emprendimientos que requieran visibilidad para dar a conocer sus servicios o productos. Apoyaremos 5 organizaciones de mujeres y 5 de jóvenes de Colombia. Queremos darles nuestro respaldo, como lo hicieron con nosotros las primeras personas y organizaciones que confiaron en nuestro trabajo.

 

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