Frutos exóticos dicen adiós a los cultivos ilícitos

Frutos exóticos dicen adiós a los cultivos ilícitos

Un grupo de jóvenes de El Charco, Nariño crearon Frutichar con el ánimo de que en la costa pacífica nariñense se erradiquen los cultivos ilícitos. Crear nuevos mercados para las familias campesinas, recuperar los productos orgánicos y disminuir los índices de desnutrición son sus grandes apuestas.

En 2013, Nevis Cadena, Faiver Caicedo y Ladinson Micolta tenían alrededor de 17 años, cursaban el último grado escolar y combinaban sus clases del colegio con los talleres del Proyecto Creciendo Juntos (PCJ), financiado por la Embajada de Canadá e implementado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El objetivo del proyecto era combatir los efectos del conflicto y darles nuevas oportunidades de vida a jóvenes víctimas del conflicto entre los 15 y 26 años. Buscaba que ellos se convirtieran en agentes de transformación social en sus territorios.

Con las herramientas que obtuvieron en esos talleres, más la formación del SENA como técnicos agroindustriales, los tres muchachos decidieron crear Frutichar para cultivar frutos y venderlos en el municipio de El Charco y más allá. Doce compañeros se unieron a la idea. Todos sabían que tenían una ventaja: haber crecido muy cerca al campo y conocer muy bien los cultivos frutales y su manejo.

“Conocíamos las dinámicas de comercio de estos productos, no únicamente de la fruta sino de cultivos como el plátano y el cacao. También conocíamos de cerca las consecuencias generadas por la siembra de cultivos de uso ilícito y quisimos alzar nuestra voz de protesta con este emprendimiento para buscar una salida pacífica al conflicto en nuestro municipio”, cuenta Nevis, cofundador de Frutichar.

De esa manera nació Frutichar con un enfoque totalmente social y comunitario. El propósito de sus fundadores era articular las nuevas economías a la sostenibilidad, conservando los recursos naturales y generando valor agregado al territorio.

Para lograrlo, los muchachos transforman y comercializan la pulpa de frutos exóticos del Pacífico como el naidí (mejor conocido como açaí), el arazá y el borojó. Los convierten en jaleas, mermeladas, compotas y yogurt. Estos productos se pueden conseguir a través de sus redes sociales: Facebook e Instagram donde están como @Frutichar. Ofrecen sus servicios en Cali, Pasto, Buenaventura y Tumaco. Sin embargo, por causa de la pandemia, en este momento están solamente en la zona de El Charco, cuna de la iniciativa.

Perseverar a pesar de las dificultades

Como en todo emprendimiento, estos jóvenes han tenido dificultades en el camino, unas más graves que otras. Nevis comenta que han tenido limitaciones comerciales porque en la zona en la que se encuentran es difícil el acceso y hay poca conectividad con otras partes del país. Pero más que eso, su verdadero problema ha sido tener que vivir en un contexto de ilegalidad y violencia. Estos jóvenes han tenido que enfrentarse a varias amenazas tanto por el factor económico (han sido extorsiones) como por su activismo y su lucha por convencer a los jóvenes y a las familias de El Charco a que dejen de lado los cultivos de uso ilícito y se cambien a los cultivos frutales.

Debido a las fuertes amenazas, en el 2017, a dos de los tres principales socios les tocó desplazarse hasta Pasto y dejar su emprendimiento en pausa por un año y medio hasta estar seguros de que su vida ya no corría riesgo. “Vinieron hasta nuestra planta de procesamiento, nos amenazaron y nos tocó salir. Nos dieron una fecha y hora determinada para desocupar el lugar y dejar de realizar nuestras actividades dentro del territorio. En ese entonces contábamos con el apoyo de Naciones Unidas que nos acompañó durante todo ese proceso y nos permitió visibilizar la situación”, recuerda.

Fueron principalmente los conversatorios hacia los jóvenes y sus familias sobre no incursionar en la ilegalidad sino en este emprendimiento, sin perder su cosmovisión y conservando la armonía con el territorio, el hombre y la naturaleza, los que hicieron que se convirtieran en “enemigos” para los grupos ilegales que se benefician de esta actividad.

 

Según el informe de monitoreo de territorios afectados por cultivos ilícitos 2018, realizado por el Gobierno de Colombia y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en el 2018 se registró que en el 5 % del territorio colombiano se concentra el 62 % de los cultivos ilícitos. Territorios como El Tambo y Argelia, en el Cauca; El Charco, en Nariño; Anchicayá, en Valle del Cauca; Tarazá y Valdivia, en Antioquia y San Pablo, en Bolívar son los que tienen el nivel más alto de concentración de siembra de coca por kilómetro cuadrado. Esto significa que a medida que estos cultivos se incrementan, también lo hacen el desplazamiento forzado, la violencia, los actos terroristas, los combates y las amenazas.

Y aunque estos jóvenes se hayan enfrentado a esta violencia, no están dispuestos a rendirse tan fácilmente. En la actualidad están desarrollando un proyecto con 700 familias de El Charco, con el apoyo de dos concejos comunitarios y un cabildo indígena de la zona. El proyecto consiste en hacer un aprovechamiento sostenible del naidí. Un fruto muy abundante en el territorio de la parte baja de Nariño, pero que pocas veces es aprovechado. La idea es que estas 700 familias, que cuentan con la palma de naidí, recolectan los frutos que no necesitan para el consumo en sus hogares y a cambio Frutichar les paga por el producto. Así, en vez de dejar que se pierda, lo aprovechan para comercializar la pulpa.

Territorios justos y pacíficos

Además de recibir un ingreso económico por vender sus frutos a Frutichar, las familias tienen el beneficio de recibir un porcentaje por los ingresos de la empresa. Esto se debe a que Frutichar es una empresa  de Sociedad BIC, Sociedades de Beneficio e Interés Colectivo, definidas por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo como “empresas colombianas configuradas como sociedades de naturaleza comercial, que voluntariamente se proponen combinar las ventajas de su actividad comercial y económica con acciones concretas para propender por el bienestar de sus trabajadores, aportar a la equidad social del país y contribuir a la protección del medio ambiente”.

Es decir, Frutichar busca que las familias sean las más beneficiadas y pasen a ser una clase de socios a través de la Asociación de Productores Frutichar, por medio de la cual obtienen un 30 % de acciones.

Asimismo, otro beneficio es el conocimiento que comparten con la comunidad para que conozcan los riesgos de trabajar en los cultivos ilícitos y para que puedan realizar mejores prácticas y sacar el mayor provecho de la producción de frutos exóticos, sin afectar el status quo y el bienestar del ecosistema en el que trabajan. “Hay familias que para aprovechar el nairí cortaban las palmas, afectando su productividad y acabando con las funciones que cumplen la fauna para nuestro bienestar y el correcto funcionamiento de las cosas”, explica Nevis.

Actualmente es alto el número de familias que hacen parte de este proyecto, pero aún es muy pronto para lograr que cambien sus modelos de ingresos económicos por uno totalmente legal. “En este momento, los ingresos que ellos generan con nosotros no son suficientes para que salgan definitivamente de la siembra de cultivos de uso ilícito”, agrega el joven que no pierde el optimismo.

A medida que se fortalezca el modelo de negocio y se generen más ingresos, los fundadores de Frutichar esperan que los jóvenes y las familias no dependan más de los cultivos ilícitos, y de esa forma más familias se animen a cambiarse a proyectos de desarrollo sostenibles que les puedan brindar el sustento y la seguridad que necesitan.

“Nosotros mencionamos mucho la siembra de cultivos ilícitos y su impacto negativo. Erradicar esta actividad es nuestra razón de ser.  Con este proceso lo que se busca es demostrar que una familia realmente puede vivir de los cultivos frutales sin necesidad de los de uso ilícito. Queremos generar las condiciones para que puedan dejar de lado de manera voluntaria la siembra de esos cultivos”, afirma el joven.

Apoyar este tipo de emprendimiento es cada vez más importante en nuestro país, pues además de ser jóvenes que le están apostando a una vida en paz, también están contribuyendo a que más personas tengan más opciones para trabajar y vivir de forma honesta, ayudando a la construcción de una Colombia justa y pacífica.

“Este proyecto quiere formar una generación consciente. No podemos seguir haciendo lo mismo de siempre y seguir acabando con los pocos recursos que quedan. El llamado es a apoyar estas alternativas que apuntan a cambiar la realidad en la que vivimos y brindar oportunidades a quienes las necesitan”, reitera Nevis.

Más información:

Facebook: @Frutichar

Instagram: @frutichar

E-mail: frutichar@gmail.com

En J&S cumplimos una década de trabajo por el desarrollo humano. No tendremos una fiesta. Nuestra manera de celebrar será aplaudir de pie y apoyar a 10 organizaciones de base que tengan iniciativas o emprendimientos que requieran visibilidad para dar a conocer sus servicios o productos. Apoyaremos 5 organizaciones de mujeres y 5 de jóvenes de Colombia. Queremos darles nuestro respaldo, como lo hicieron con nosotros las primeras personas y organizaciones que confiaron en nuestro trabajo.

 

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