Las abuelitas tejedoras de plástico de Arauquita

Las abuelitas tejedoras de plástico de Arauquita

Solo en su natal Aguachita, una pequeña vereda en Arauca, eran conocidas. Hoy han salido del anonimato gracias a la labor de una administradora de empresas que alabó su trabajo y lo convirtió en la columna vertebral del emprendimiento con el que busca preservar el medio ambiente.

En la vereda de Aguachica, en el municipio Arauquita (Arauca), un grupo de mujeres de la tercera edad y madres cabeza de familia aprendieron a tejer bolsos y otros accesorios a partir del reciclaje de bolsas plásticas. Una labor silenciosa que se dio a conocer gracias a Viviana Mantilla, una administradora de empresas de 35 años, nacida en Saravena y  apasionada por el medio ambiente, la cultura, las manualidades y su región.

Después de un viaje fuera del país, Viviana regresó a Colombia con la idea de hacer realidad el sueño que siempre tuvo de sacar adelante un proyecto en el que pudiera vender productos elaborados a partir de material reciclado. Comenzó con productos que ella misma hacía y vendía, como llaveros y monederos con botellas PET recicladas. Pero un día, en 2019, le regalaron un bolso hecho de bolsas plásticas. El producto le gustó tanto que se propuso incluirlo en Maraka, Tejedoras Ambientales, su emprendimiento de productos con material reciclado. La idea le significó ponerse en la tarea de ubicar a la persona que lo había creado.

Luego de una larga búsqueda, logró dar con el paradero de Dolores Rivera, doña Dolly, como le dicen de cariño, en la vereda de Aguachica. “Era una abuelita de la zona rural de Arauquita. Cuando la conocí me enamoré de ella. Es encantadora, acaba de cumplir 80 años y tiene mucha energía”, la describe.

Una vez conoció a doña Dolly y los trabajos que hacía, Viviana sintió el impulso de ayudarla a que sus bolsos fueran reconocidos y comprados para que pudiera tener una mejor calidad de vida. Así fue como doña Dolly y sus bolsos se convirtieron en el centro de Maraka. Tanto así que con el tiempo otras mujeres de la vereda se fueron interesando y aprendieron con la buena señora el arte de tejer bolsas de plástico reciclado. Viviana se convirtió en la encargada de diseñar y de escoger los colores, además de vender los productos.

Actualmente, diez mujeres tejen para Maraka. La mayoría son madres cabeza de familia y, como doña Dolly, son de la tercera edad; otras han sido víctimas del conflicto armado y por ello han perdido familiares. Tejer para Maraka se ha convertido en su terapia y en la esperanza para seguir adelante.

En este momento, las tejedoras hacen más que bolsos, también elaboran aretes, carteras, correas, individuales para mesas, alpargatas y sandalias. Su más reciente producto son los tapabocas inclusivos, que tienen una película transparente para que las personas con discapacidad auditiva puedan leer los labios y comunicarse con mayor facilidad.

Los productos y accesorios tienen un costo de entre 22 mil pesos y 180 mil pesos, dependiendo de su tamaño, detalle y tiempo de fabricación.  Se pueden adquirir por las redes sociales Facebook: @MarakaEco e Instagram: @marakaeco o por whatsApp en el número: 3213808648. Maraka recibe pedidos de todo el país.

 

Empoderamiento e independencia

Cada accesorio de Maraka es tejido a mano y para realizarlo lo primero que hace el grupo de mujeres es llevar a cabo campañas ambientales de recolección de bolsas plásticas, las cuales deben estar limpias y coloridas. También reciben envoltorios de azúcar, sal, harina y pañales. Luego, hacen una selección, lavan y desinfectan los materiales. Una vez están limpios, hacen el hilo de forma manual, cortan con una técnica especial y, finalmente, tejen el producto.

Cuando un comprador adquiere los accesorios que ellas producen no solo contribuye a que mejoren sus ingresos, también aporta a otros aspectos de su vida. Por ejemplo, estimula el empoderamiento e independencia económica que nunca habían tenido, pues ya no solo se dedican a su maridos e hijos, sino que han descubierto que tienen la habilidad de crear algo con sus propias manos y que es un trabajo apreciado por otros.

Según un estudio de la Dirección de la Mujer Rural del Ministerio de Agricultura, en la zona rural colombiana la tasa de desempleo de las mujeres es de 8,9 por ciento frente a un 3 por ciento de los hombres. Razón por la cual apoyar emprendimientos de mujeres para mujeres rurales cobra un sentido aún más valioso.

Por otro lado, Maraka les ha ayudado a fortalecer sus lazos afectivos con sus familias, quienes las acompañan y las ayudan a conseguir lo necesario para desempeñarse en su labor. Además han logrado expandir su círculo social y su relación con vecinos. Viviana cuenta que varias no socializaban, vivían muy encerradas en sí mismas y con Maraka eso ha cambiado. “Algunas han sido víctimas del conflicto y esto ha sido un espacio de relajación y de esperanza para ellas”.

Doña Dolly, la inspiración de Tejedoras Ambientales, manifiesta su agradecimiento y felicidad por los avances del proyecto: “Estoy muy agradecida con Viviana que nos ha ayudado mucho. Yo no pensé que esto iba a ser para tanto”.

Doña Soraida, otra de las tejedoras, coincide con su compañera de grupo. “Lo que nosotras tejíamos antes no tenía valor, pero gracias a Dios que Viviana llegó a Aguachica, encontró a estas ancianas tejiendo y nos abrió el camino para seguir adelante. Este es un proyecto muy bonito. Yo me siento contenta con mi grupo de compañeras y queremos seguir haciendo cosas nuevas”.

Este proyecto también ha influido ambiental y culturalmente, pues ha sembrado conciencia en estas mujeres, sus familias y otros ciudadanos sobre la importancia de reciclar, clasificar y manejar los residuos. “No botan las bolsas sino que las usan como materia prima. Las bolsas ya no van al río y las mujeres ven en el reciclaje una fuente de ingresos. La basura no es basura, si la gente sabe que cuesta y genera algo”, agrega Viviana.

Para ella otro aporte importante es que en el poco tiempo que llevan han podido ayudar a cambiar la imagen de Arauca, considerado como un territorio perturbado por el conflicto armado y la violencia. Ser reconocidas por la buena labor que realizan, por su intención de cuidar al medio ambiente y construir la paz, enorgullece a estas mujeres y las impulsa a seguir trabajando para mejorar la imagen de su tierra natal.

“Cada instante y cada logro es una muestra de que se puede. Es muy gratificante poder darles a estas mujeres una opción de vida, poder aportarles algo positivo. Ayudar a que su trabajo sea reconocido”, reitera Viviana.

En J&S cumplimos una década de trabajo por el desarrollo humano. No tendremos una fiesta. Nuestra manera de celebrar será aplaudir de pie y apoyar a 10 organizaciones de base que tengan iniciativas o emprendimientos que requieran visibilidad para dar a conocer sus servicios o productos. Apoyaremos 5 organizaciones de mujeres y 5 de jóvenes de Colombia. Queremos darles nuestro respaldo, como lo hicieron con nosotros las primeras personas y organizaciones que confiaron en nuestro trabajo.

 

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