El poder de la palabra: la herramienta para luchar contra la desaparición

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El poder de la palabra: la herramienta para luchar contra la desaparición

“¿Por qué la sociedad y el Estado desaparecen a los desaparecidos?”. Martha Nubia Bello, directora del Centro de Memoria Histórica, quiso con esa frase llamar la atención sobre cómo en Colombia hasta hace muy poco la desaparición no era registrada. No tenía visibilidad. Los desaparecidos no contaban sino entre sus familiares y amigos.

Hasta el año 2000 la desaparición forzada ni siquiera era un delito en nuestro país porque no estaba tipificada como tal en el Código Penal. Fue por la presión de sus familiares, unidos en colectivos y otras asociaciones, que a través del ejercicio de la palabra y la presión lograron que fuera puesto de manera explícita como un delito.

Hoy se sabe, gracias al Informe de Desaparición en Colombia-Hasta Encontrarlos, del Centro de Memoria Histórica (2016), que Colombia alcanzó en los últimos 45 años la cifra de 60.630 desaparecidos en el marco del conflicto armado. Para ello los investigadores consultaron 105 fuentes, entre las que estaban amigos, familiares y fuentes oficiales.

En un solo año se presentaron 5.000 desapariciones y ni por ese escandaloso número hubo movilizaciones sociales, como sí ha ocurrido en Argentina, donde las Madres de Mayo han dado ejemplo por décadas, y donde hoy vuelven a darlo jóvenes y adultos que se movilizan para reclamar por Santiago Maldonado, el joven activista defensor de los indígenas mapuche.

Durante el Festival Gabo de Periodismo, que se realizó en Medellín del 28 al 30 de septiembre, Bello preguntó por qué este delito no ha tenido la movilización y el repudio que tienen otros delitos como el secuestro, del que el país registró 29.000 personas secuestradas y por las cuales sí se han dado marchas y se han hecho exigencias.

Por la falta de registro, movilización y solidaridad, las familias y allegados de los desaparecidos se han sentido solos, poco cobijados y nada acompañados. Su herramienta de lucha para contrarrestar esa dolorosa realidad ha sido la palabra. A través de ella han podido denunciar y lograr que aquellos que los desaparecieron no alcancen su cometido de “borrar” toda existencia de esos seres humanos. Por eso su consigna ha sido y será: “si los olvidamos mueren”.

Hasta encontrarlos, como esperan lograrlo en el proceso de posconflicto, seguirán hablando de ellos. Y tienen esa ilusión de hallarlos porque creen que tendrán razón de ellos con las dinámicas que vendrán. Algunos seguramente hicieron parte de las filas de quienes estuvieron en la guerra y podrán volver. Otros aparecerán porque sus perpetradores darán razón de qué pasó con ellos.

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